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lunes, 19 de mayo de 2025

CASA DE MUÑECAS, OTRA VUELTA DE TUERCA

 


Mi primer acercamiento a la obra de Ibsen fue en 1964, cuando apenas contaba 9 años de edad o ni siquiera eso. Fue la versión que Juan Guerrero Zamora, realizó para Televisión Española cuando aún se hacía teatro en directo. El espacio se llamaba Primera Fila y la obra fue protagonizada por Elena María Tejeiro y Paco Morán. Mi madre formaba parte del reparto y yo solía acompañarla a los ensayos en unas salas habilitadas para tal fin en un restaurante llamado Casa Pepe, muy próximo a la antigua sede de los estudios de Televisión en el Paseo de la Habana. Debió de ser una de las últimas obras de teatro que se hicieron allí ya que unos días después se inauguraban los nuevos estudios de Prado del Rey. 


Desde entonces han sido muchas las versiones que he visto de Casa de Muñecas, incluída la película  A Doll's House (1972) dirigida por Joseph Losey, y un par de ellas representadas en el teatro Fernán Gómez en el 2011, con dirección de Amelia Ochandiano, y en el 2017 con un atrevido montaje de José Gómez-Friha. Ahora este mismo teatro vuelve a subir a sus escenarios el personaje de Nora, interpretado en esta ocasión por María León, en una versión de Eduardo Galán que la lleva a nuestros días y bajo la dirección de Lautaro Perotti. 


Según Perotti, una de las novedades de la nueva versión de la obra de Ibsen es el hecho de que en esta ocasión Nora decide no echar culpas sino revisar sus decisiones tomadas tanto en su matrimonio como en su vida y atreverse a enfrentarse a ella misma, a mirarse al espejo y decidir cambiar el rumbo de su vida. La obra 150 años después nos sigue interpelando, nos sigue haciendo preguntarnos que hicimos con  nuestra vida, que decisiones tomamos, dónde nos equivocamos y si seremos capaces de rectificar. 

Evidentemente muchas cosas han cambiado en la sociedad desde que Henrik Ibsen escribió Casa de muñecas, porque en el fondo la obra no trata solo de una crisis matrimonial sino de unas normas sociales impuestas a las que todos hemos tenido que someternos en algún momento de nuestras vidas. Sin embargo como espectadores seguimos sintiendo que aún a día de hoy siguen dándose situaciones en las que muchas mujeres siguen identificándose con Nora y más de una necesitaría dar un portazo. 

A María León la acompañan en el reparto Santi Martin como Osvaldo Helmer, marido de Nora, Alejandro Bruni como el Doctor Rank, amigo del matrimonio y secretamente enamorado de Nora, Pepa Gracia, en el papel de Cristina Linde, amiga de Nora y que es quien propicia los acontecimientos  que llevarán al desenlace y Patxi Freytez, en el papel de Óscar el procurador, en la obra original Krogstad. 



El diseño de escenografía y vestuario es de Lua Quiroga, quien reduce el escenario al mínimo jugando con una especie de cajas que según van girando y se van desplazando pasarán de ser un salón a un dormitorio o a un cuarto de baño, representando de ese modo las distintas estancias en las que se desarrolla la trama. El diseño de iluminación es de Luis García (Secuencia 3) y la música original y espacio sonoro de Manu Solís. 

Casa de Muñecas, que en cierto modo simboliza el nacimiento de la independencia de la mujer frente al dominio del hombre en las relaciones familiares y de pareja podrá verse en la Sala Principal del Teatro Fernán Gómez hasta el 22 de junio en horario de martes a sábado: 20 h. – Domingo: 19 h.

Fotografías ©Conchita Meléndez


lunes, 15 de enero de 2024

LAUTARO PEROTTI ESTRENA NUESTROS ACTOS OCULTOS EN NAVES DEL ESPAÑOL CON UN REPARTO DE LUJO

 

Mañana día 16 y hasta el 3 de febrero se podrá ver, si es que encuentras entradas, la obra escrita y dirigida por el argentino Lautaro Perotti. Una historia en clave de suspense que habla de relaciones familiares rotas y de soledades encontradas. Las de sus tres protagonistas, cada uno de ellos con sus traumas a cuestas y con el dolor de no haber recibido de la vida lo que esperaban. 

Nuestros actos ocultos es la historia de Azucena (Carmen Machi), una pianista frustrada y alcohólica que nunca quiso ser madre y que no termina de aceptar su temprana enfermedad. Ella acude junto a Patri (Santi Marín) un joven con limitaciones físicas a quien acoge come si fuera su propio hijo y es su fiel acompañante, a la llamada de su hija Elena (Macarena García), responsable de un trágico acontecimiento, para huir en un viejo auto por las carreteras perdidas del país. Lo que comienza como una huida desesperada, con las horas se trasforma en un encuentro profundo entre personas que se necesitan, pero que no se conocen, y que los llevará a hacer cosas inesperadas.  

En palabras de su autor y director, Lautaro Perotti, esta es “la historia de tres soledades, de tres personas que no pudieron, no supieron o no quisieron construir un entorno, unos vínculos y unas relaciones afectivas fuertes”, explica.  También nos cuenta que aunque él es el autor de la obra, ésta se ha terminado de gestar durante las lecturas y los ensayos con la colaboración de los intérpretes y que sus aportaciones han contribuido a engrandecer la trama. 

Nuestros actos ocultos, aborda temas como la familia, la maternidad y la enfermedad, pero también el amor mal gestionado y el talento desperdiciado, la envidia, el maltrato psicológico y el dolor, el de cada uno y el que podemos infligir a los demás.   “Sobre todas las cosas, Nuestros actos ocultos habla de la búsqueda del amor, de si uno es capaz de construir y descubrir cuál es su manera de familia, de pareja, de vínculos, y animarse a descubrirlo con todo el riesgo que eso implica”, cuenta el director.


El montaje ha sido realizado a modo de ágora, con un espacio central en el que se desarrolla la historia, mientras los actores se dirigen a uno y otro lado del público que se enfrenta como en un espejo. El suelo juega un papel primordial en la representación ya que será allí donde se verán reflejados los lapsos temporales pues la obra se desarrolla hacia delante y hacia atrás para contarnos lo que ha sucedido y lo que está sucediendo.  


Hay que subrayar la profesionalidad y magnífica interpretación de todo el elenco. Carmen Machi borda su papel, dramático pero con un tono de humor negro, que llega a levantar algunas sonrisas del público que sirven para aliviar la tensión en determinados momentos. Macarena García nos hace sentir todo el dolor que lleva dentro su personaje y lo hace de un modo impecable. Y Santi Marín está inmenso interpretando un personaje nada fácil y lleno de ternura que intenta lograr que los demás sean, sino felices, siquiera menos desgraciados. 

Fotografías de escena: ©Vanessa Rabade