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miércoles, 11 de marzo de 2026

LA JOVEN COMPAÑÍA NACIONAL DEL TEATRO CLÁSICO ESTRENA ‘EL ESCONDIDO Y LA TAPADA’ DE PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA


Ayer se presentó en el Teatro de la Comedia, El Escondido y la Tapada de Pedro Calderón de la Barca, que al parecer no se había representado nunca antes en el recinto de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, así que supone un estreno absoluto. Y también se estrena con esta obra la nueva promoción de actores de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, concretamente la séptima. 

La séptima promoción nace en septiembre de 2025, tras un largo y competitivo proceso de selección entre los meses de febrero a junio, al que se presentaron 900 aspirantes entre los 18 y los 30 años. Habiendo superado las múltiples fases del proceso, seis actores y seis actrices fueron escogidos para conformar el nuevo elenco de la JCNTC: Samuel Arribas, Jordan Blasco, Gabriel de Mulder, Luis Espacio, Laura Ferrer, Zoe Fuentes, Diego Garisa, Belén Landaluce, Andrea Martínez, Julio Montañana, Anna Nácher y Andrea Real.


La obra ha sido adaptada por Carolina África y dirigida por Beatriz Argüello y podrá verse en la Sala Principal del 12 de marzo al 26 de abril de 2026. La comedia, heredera de La dama duende entre otras, transcurre en el interior de una casa; una casa que será la metáfora de ese Madrid del siglo XVII de calles estrechas, oscuras y llenas de recovecos.

La acción comienza cuando César llega a Madrid acompañado de Mosquito, su criado. Ambos huyen de la justicia tras haber matado a un hombre. César ha viajado a la ciudad porque ha recibido una carta de Celia —una de las dos damas a las que corteja— en la que le propone que se refugie en su casa para esconderlo y poder así continuar en secreto su relación amorosa. Sin embargo, los planes se complican con la llegada a Madrid de Félix, hermano de Celia. A partir de ese momento, se desencadena una serie de enredos y acontecimientos que obligan a Celia y a su hermano a abandonar la casa, dejando encerrados en ella a César y a Mosquito.


Según Carolina África “El escondido y la tapada me parece una elección idónea para el debut de la Joven Compañía porque, en sus manos, esta comedia de enredo adquiere una energía particularmente fresca que funciona como un mecanismo de relojería.” Carolina ha intentado agilizar los diálogos y subrayar el carácter lúdico, permitiéndose ciertos guiños cómicos que dialogan con nuestro presente. 

Por su parte Beatriz Argüello encantada con la propuesta de Laila Ripoll, directora del teatro, para llevar a cabo la dirección de la joven compañía, define la obra como “una comedia urbana, joven, divertida, de misterio que no desmerece a otras comedias de Calderón, en la que el público va a ver algo nuevo y al mismo tiempo muy reconocible de nuestro teatro barroco”. 

Fotografías ©Conchita Meléndez




jueves, 13 de marzo de 2025

MÉLIDA MOLINA, MARTA BELENGUER Y ERNESTO ALTERIO PROTAGONIZAN VIEJOS TIEMPOS

 


Dice un viejo refrán que cada uno cuenta la guerra según le va en ella y ese no sería un mal resumen para esta obra escrita por el Premio Nobel de Literatura Harold Pinter. Opina Pablo Remón, quien se ha encargado de la traducción y versión de la obra que dirige Beatriz Argüello y que se estrena hoy en el Teatro de la Abadía, que:  ‘Viejos tiempos (estrenada originalmente en 1971)  supone, en la torrencial trayectoria de Harold Pinter, algo así como un cambio de tuerca, un nuevo comienzo o una reinvención tras sus obras de los 60. A comienzos de la nueva década, Pinter se inventa con esta obra (partiendo de sus experimentos previos en obras más breves, Landscape y Silence) una nueva forma de escribir, por la que transitará durante algunos años más: una escritura misteriosa y poética, alejada del realismo, donde lo verdadero y lo falso, la memoria y la invención, y el recuerdo y el sueño se confunden.’


Y no le falta razón, porque en Viejos Tiempos, es complicado separar lo real de lo soñado, de lo imaginado o incluso de lo que cada uno de los personajes quiere creer que pasó o como le gustaría que hubiera pasado. Incluso aunque sean tres los personajes sobre el escenario uno, como espectador, se pregunta si realmente son tres. 


La trama de esta obra en dos actos nos sitúa en una casa de campo cerca del mar de algún lugar de Inglaterra. Una gran ventana en el centro, al fondo y una escenografía sencilla pero muy acorde a la época en la que se desarrolla. La llegada de Anna a la casa de Kate y Deeley, el matrimonio propietario de la casa, gente aburrida de clase media,  desencadena una sucesión de recuerdos en cada uno de ellos, cargados de impactos emocionales, que provocan la utilización de estos como arma arrojadiza hacia el otro. El pasado se modifica cada vez que alguien habla de él y pareciera estar más vivo que el presente. Los acontecimientos tienen lugar a medida que son recordados. Los recuerdos se materializan a modo de ficción en el presente, son contados, actuados, son, por tanto, un hecho teatral en sí mismos.



Anna es una vieja amiga de Kate a la que ésta no ve desde hace 25 años. La relación que existió entre las dos provoca una reacción en Deeley que se mueve entre los celos y el deseo de saber. También se crea una conflagración entre éste y Anna, en la cual ambos aspiran a ocupar el lugar más importante en la vida de Kate hasta el punto de hablar sobre ella como si no estuviera allí. 


La obra de Pinter es un texto complejo que posee un lenguaje poético. Pinter nos muestra bien las verdades parciales y las verdades cuidadosamente construidas y juega con los silencios, un recurso muy bien configurado que a veces dice más que las palabras. Esto es algo que ha entendido muy bien Beatriz Argüello y lo ha marcado perfectamente en su puesta en escena. 


Los actores que interpretan la obra, Ernesto Alterio como Deeley, Mélida Molina como Kate y Marta Belenguer como Anna, están soberbios en sus interpretaciones. Dice Beatriz Argüello sobre ellos: “Han hecho un trabajo muy minucioso, muy bonito y muy difícil, porque el interés de la obra no reside en verdad en la trama, sino en los propios personajes.”


La escenografía es obra de Carolina González y la iluminación de Paloma Parra, el vestuario de Rosa García Andújar y el espacio sonoro y música de Mariano Marín. 

Marta Belenguer, Mélida Molina, Beatriz Argüello y Ernesto Alterio

La obra estará en cartel hasta el 13 de abril. 

Fotografías   © Conchita Meléndez