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jueves, 16 de febrero de 2023

PABLO PALAZUELO. LA LÍNEA COMO SUEÑO DE ARQUITECTURA


Pablo Palazuelo. La línea como sueño de arquitectura, la muestra que podrá contemplarse en las salas del Museo ICO hasta el 07 de mayo, es una exposición que plantea por primera vez un recorrido a través de la carrera de este pintor, escultor y grabador español, máximo representante de la abstracción geométrica del siglo XX y que pasó de lo figurativo a lo abstracto, influenciada por Paul Klee y el misticismo oriental, a través de una selección de obras y proyectos que ilustran la intensa relación establecida entre la arquitectura y su producción artística.


La muestra está comisariada por Teresa Raventós-Viñas y Gonzalo Sotelo-Calvillo, autor este último de una tesis doctoral, Análisis de la geometría de Pablo Palazuelo desde la visión del arquitecto que, defendida en la Universidad Politécnica de Madrid en 2015, sirve de base para el recorrido expositivo. En palabras de Sotelo, el método creativo de Palazuelo “guarda una asombrosa similitud con la metodología del proyecto arquitectónico, atravesando una serie de etapas gráficas que le conducían progresivamente desde los bocetos iniciales hasta los planos más definidos de materialización”. Este particular método le llevó, por ejemplo, a usar papeles de croquis, cuya transparencia le permitía superponer diferentes bocetos mientras desarrollaba sus obras, un sistema que aprendió en su formación inicial como arquitecto en la City of Oxford School of Arts and Crafts, donde estudió entre 1933 y 1936.



La exposición se estructura en nueve ámbitos, que abarcan desde la etapa formativa y las primeras influencias del artista, hasta sus diseños de mobiliario para el entorno doméstico o las grandes obras concebidas para la escala urbana, pasando por otras en las que el énfasis recae en referencias a laberintos, tránsitos, cerramientos, límites y vidrieras. En total, se exponen 12 obras y 12 proyectos entre dibujos, croquis, acuarelas, maquetas y esculturas, custodiados por la Fundación Pablo Palazuelo, muchos de los cuales han permanecido inéditos hasta su catalogación por parte de los comisarios y se muestran por primera vez al público.


Pablo Palazuelo. La línea como sueño de arquitectura ha sido posible gracias, fundamentalmente, a la Fundación Pablo Palazuelo, propietaria y custodia del grueso de las obras que la conforman. Pero también a las Colecciones ICO, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que con sus préstamos han contribuido a enriquecer, aún más si cabe, el discurso expositivo. Esta muestra se inscribe en la línea que el Museo ICO viene desarrollando desde hace algunos años, en la que se profundiza en facetas poco conocidas de artistas presentes en las Colecciones ICO y de la que ya formaron parte Jaume Plensa. Ópera, teatro y amigos (2005), Susana Solano. Proyectos (2007) o Guillermo Pérez Villalta. Artífice (2008).
 


El Museo ICO, el único en nuestro país dedicado específicamente a la difusión de la arquitectura como disciplina artística y cultural, se inauguró el 28 de marzo de 1996, destinándose, en un primer momento, a la exhibición de las colecciones permanentes del Instituto de Crédito Oficial. Desde 2012, la Fundación ICO ha retomado la línea centrada en el ámbito de la arquitectura y del urbanismo para la realización de sus exposiciones temporales.


Pablo Palazuelo recibió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes (1982), el Premio Nacional de Artes Plásticas ex aequo con Cristina Iglesias (1999) y el Premio Velázquez (2004). Su obra se encuentra en museos como el Carnegie Museum of Art de Pittsburgh, donde expuso regularmente; la Fundación Juan March; el Museo Nacional de Arte Moderno de París; el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca; el Museo Guggenheim de Bilbao, el MNCARS de Madrid, el MACBA, el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York o las Colecciones ICO.

Teresa Raventós-Viñas, Gonzalo Sotelo-Calvillo, Lucinio Muñoz y Rodríguez Spiteri

La exposición cuenta con un magnífico catálogo que, editado por la Fundación ICO en colaboración con Ediciones Asimétricas, reproduce con gran calidad todas las obras presentes en la exposición y profundiza en el tema de la misma mediante los textos de Gonzalo Sotelo-Calvillo, Teresa Raventós-Viñas, Ángela García de Paredes e Ignacio García Pedrosa, Pere Casanovas, Mariano Bayón y Ramón Ayerza.

lunes, 13 de febrero de 2023

FUNDACIÓN MAPFRE PRESENTA EN MADRID LA PRIMERA RETROSPECTIVA DE LEONORA CARRINGTON EN ESPAÑA.

Fragmento del Mural

“Pintora y escritora extraordinaria, pionera del surrealismo y figura crucial del arte del último siglo, Leonora Carrington tuvo una vida siempre a contracorriente, tan surrealista como su pintura. Nació en Inglaterra en una familia acomodada, de la que se fugó con apenas veinte años, y pasó temporadas en Francia, España y Portugal antes de embarcarse, junto con gran parte de su generación artística europea, rumbo a América, donde encontró una nueva vida. Una vida que, como las de Max Ernst, Marcel Duchamp, Frida Kahlo o Peggy Guggenheim, recorre gran parte de los avatares políticos y artísticos del siglo XX.”

Los caballos de Lord Candlestick, 1938

Down Below, 1940

Leonora Carrington. Revelación es la primera exposición antológica consagrada a esta artista que se celebra en España y lo hace de la mano de la Fundación Mapfre. Autora versátil y ecléctica, continuamente en busca de nuevas formas de expresión, Carrington resulta una figura clave para formar una imagen más completa del arte del siglo XX.  

La Mosca

Adelantada a su tiempo en su preocupación por la ecología y los derechos de la mujer, la autora desarrolló un lenguaje con el que evocó «un mundo fascinante de rituales mágicos donde nada es lo que parece y suceden las más increíbles transformaciones», en palabras de Tere Arcq, comisaria de la exposición junto con Carlos Martín y Stefan van Raay, director del Cobra Museum voor Moderne Kunst de Amstelveen, en Países Bajos.  

La dicha de patinar, 1941

¿Estás hablando en sirio?, 1953

Leonora Carrington (Clayton-le-Woods, Lancashire, 1917-Ciudad de México, 2011) nace en el noroeste de Inglaterra en una familia de clase alta. Con 15 años viaja a Florencia, donde tiene ocasión de contemplar la pintura de los maestros antiguos italianos. Ya de regreso a Reino Unido, en 1936 consigue que sus padres le permitan estudiar arte en Londres, donde en junio visita la primera exposición surrealista en Gran Bretaña y al año siguiente queda prendada de la obra de Max Ernst durante una muestra individual de este, a quien conoce enseguida en una cena e inicia con él una relación que no cuenta con la aprobación de los padres de ella. Rápidamente la pareja se muda a París, lo que provocó una ruptura entre Leonora y su familia.  En la capital francesa, y a pesar de su negativa a entrar en el grupo de manera oficial, Leonora se codea con los surrealistas. 

Dormitorio Jardín, 1951

La habitación negra, 1939

Pronto la pareja se muda a la localidad de Saint-Martin-d’Ardèche, en la Provenza, pero su vida allí enseguida se ve condicionada por la llegada del nazismo. Max Ernst es arrestado por su origen alemán y por tanto es considerado enemigo de Francia; Leonora huye a España, donde es víctima de una violación grupal por parte de oficiales requetés.  Tras ese episodio sufre una crisis nerviosa y su padre consigue que  sea ingresada en un hospital psiquiátrico en Santander. Después de un duro y tortuoso tratamiento a base de un medicamento que genera ataques epilépticos y deja su voluntad anulada, Leonora consigue salir y regresa a  Madrid. En la capital tendrá la oportunidad de visitar el Museo del Prado, donde confirma su amor por la pintura italiana florentina aparte de contemplar las obras de el Bosco, Brueghel el Viejo o Patinir que tanto le impactan y que son determinantes para su obra posterior. Es frecuente encontrar en sus lienzos pequeños seres híbridos que recuerdan a los del Jardín de las delicias del Bosco, por poner un ejemplo, así como fondos con paisajes extraños y poblados por elementos que parecen haber sido extraídos de los sueños.  Tras un tiempo en Madrid viaja a Lisboa, donde pudo embarcarse hacia Nueva York con su reciente marido, Renato Leduc. A finales del año 1942 se establecen en México, donde ella va a desarrollar su obra de madurez.  



En 1962 recibe el encargo de pintar el mural El mundo mágico de los mayas para el Museo Nacional de Antropología en Chapultepec, Ciudad de México. Debido a las revueltas estudiantiles y a la masacre de Tlatelolco, en 1968 Carrington decide abandonar el país junto con sus hijos. Durante los veinticinco años siguientes vive en Estados Unidos, primero en Nueva York y más tarde en Chicago.  

En el año 2000 es nombrada Ciudadana de Honor de México D. F., adonde había regresado en 1990, y en noviembre de este mismo año recibe la condecoración de la Orden del Imperio Británico en la residencia del embajador de Reino Unido en México. En mayo de 2011 la artista fallece de neumonía a la edad de 94 años.

El huerto en la isla fluvial, 1946

Mujeres conciencia, 1972

Leonora escritora 
 
Desde muy pequeña, Leonora muestra un gran interés por los cuentos, intensificado, sin duda, a partir de su encuentro con Max Ernst, que sentía, como el resto de los surrealistas, fascinación por Lewis Carroll y los hermanos Grimm. El mundo de la Alicia de Carroll ofrece a Carrington la oportunidad de profundizar en temas que especialmente le interesan: la alquimia, la cábala, los mitos ancestrales o la dislocación de la relación espacio-tiempo, elementos todos ellos que se encuentran en su producción artística. Se dice que el primer cuento que escribió Carrington fue dictado a su madre a una edad tan temprana que aún no escribía bien. Desde entonces, nunca dejó de hacerlo y muchas de sus pinturas encuentran correlato e incluso el mismo título que sus escritos. Casi todos son autobiográficos, y de ellos destaca el relato de su paso por el sanatorio del doctor Morales en Santander que ella narra en Memorias de abajo. En una gran mayoría aparecen seres híbridos, hadas y brujas poderosas, los animales hablan y los humanos se convierten en animales y la fantasía se torna realidad en «La debutante», «La dama oval» o en la novela La trompetilla acústica, así como en sus obras de teatro Penélope y Opus Siniestrus.

Las pompas del subsuelo, 1947


El recorrido expositivo que ofrece la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre en Madrid,  se despliega a lo largo de 10 secciones, combina el relato cronológico con el estudio de los temas más destacados en la obra de Leonora Carrington. Desde su formación y las tempranas influencias en Inglaterra y Florencia hasta el contacto con los surrealistas en París, pasando por su época en Saint-Martin-d’Ardèche, su traumática experiencia en España, la emigración a Nueva York y a México como nueva patria.  

Artes, 110, 1944

Con esta exposición, Fundación MAPFRE pretende rendir homenaje a esta artista y dar a conocer la riqueza de un trabajo muy popular en Estados Unidos y México, pero que solo en los últimos años ha comenzado a gozar de mayor relevancia en Europa.

LUCIAN FREUD Y LA CARNOSIDAD DE LOS CUERPOS

Bella y Esther

Con motivo del centenario del nacimiento del pintor británico Lucian Freud (1922-2011), el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y la National Gallery de Londres presentan una retrospectiva dedicada a su figura y su obra. La exposición se inauguró en octubre de 2022 en la National Gallery y en febrero de 2023 en Madrid, con medio centenar de obras que muestran las siete décadas de producción de uno de los artistas europeos más significativos del siglo XX.

La pintura de Freud, incisiva, subversiva y en ocasiones indecorosa, a contracorriente de las tendencias abstractas o conceptuales que se fueron sucediendo a su alrededor, estuvo siempre dedicada a la representación del cuerpo humano y a retratar al hombre contemporáneo. Asiduo visitante a los museos históricos, en su obra se puede rastrear toda una serie de alusiones a los grandes maestros, desde el arte egipcio hasta Ingres, Courbet, Rodin o Cézanne, pasando por Grünewald, Hals, Velázquez, Rembrandt, Daumier, Watteau o Géricault, aunque esa vinculación con el pasado convive con una fuerte voluntad de independencia. Lo que verdaderamente le interesa a Freud es descubrirnos la pintura sobre la pintura, su personal reflexión meta-artística y la “intensificación de la realidad” que siempre quiso alcanzar.

Autorretrato, fragmento

Muchacha con perro blanco

La muestra se divide en varias secciones que, de forma más o menos cronológica, repasan la evolución y la temática del pintor: Llegar a ser Freud, dedicada a sus primeras obras, con una decidida voluntad figurativa frente a las corrientes abstractas dominantes; Primeros retratos, en los que se manifiesta ya su deseo de capturar la esencia de sus modelos; Intimidad, que muestra su predilección por retratar a personajes de su entorno; Poder, retratos de personajes que acepta realizar siempre que acaten sus condiciones de trabajo; El estudio, su espacio de trabajo convertido en protagonista de su obra, y La carne, retratos de desnudos que evidencian una profunda observación del cuerpo humano y de la mortalidad de la carne.

Cabeza de muchacha


La exposición ha sido comisariada por Daniel Herrmann en Londres y por Paloma Alarcó en Madrid, quienes han trabajado de forma conjunta. Exponer el arte de Freud en el contexto de dos museos históricos nos permite mostrar al artista dentro de una línea de continuidad con el pasado. La nueva mirada que propone esta exposición, la primera gran retrospectiva que se organiza desde su muerte en 2011, centra la atención en su permanente compromiso con la esencia de la pintura.

El ayudante de Freud, David Dawson, junto al cuadro inacabado Retrato del Lebrel, en el que posa para el pintor

Doble retrato

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es el único museo español que alberga en su colección obras de Freud, un total de cinco pinturas, todas ellas incluidas en la exposición. Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza fue uno de los primeros coleccionistas privados en interesarse por su obra y mantuvo una especial relación con el pintor, que le retrató en dos ocasiones. Las largas sesiones a las que Freud sometía a sus modelos propiciaron la amistad entre ambos, que se mantuvo a lo largo del tiempo. Además, el cuadro de Watteau Pierrot contento (h. 1712), que aparece como fondo de uno de esos retratos y que pertenece a la propia colección Thyssen, sirvió de inspiración de alguno de sus cuadros.


El cuarto del pintor

La sorpresa ha saltado durante la rueda de prensa cuando Francesca Thyssen, hija del barón, ha tomado la palabra para anunciar que donaba al museo el retrato de su padre pintado por Lucian Freud que forma parte de la exposición y que pasa de este modo a  ser el quinto cuadro realizado  por el pintor propiedad de la hemeroteca. Entre ellos ya existía otro retrato también pintado por Freud y que está igualmente presente en la muestra. Francesca ha comentado con un toque de humor que el cuadro ha estado durante años colgado de las paredes de su casa y que la obra del autor se ha revalorizado tanto que ya no puede permitirse pagar el seguro. 

Hombre en una silla, retrato del Barón Thyssen, cuadro donado por su hija Francesca al Museo

Paseando por las salas de la exposición podemos observar que desde sus primeras obras, el artista muestra ya su personalidad y su forma de pintar, con un trabajo lento y una pincelada meticulosa para las que utiliza pinceles muy finos. Los hieráticos personajes, pintados a base de capas muy trabajadas sobre fondos planos, con atributos en sus manos, revelan una atención a los pintores del Renacimiento del Norte. La frontalidad y la frialdad que transmiten las figuras, como en Muchacha con rosas (1947- 1948), un retrato de Kitty Garman, su primera mujer, es la seña de identidad de estas obras tempranas.

Gran interior Notting Hill

A partir de 1954 Lucian pinta de pie y no sentado como había hecho hasta ese momento, moviéndose alrededor de sus modelos, con una proximidad física que le permitía apreciar los más mínimos detalles. Utiliza pinceles más gruesos y, por influencia de Francis Bacon, su pincelada se vuelve suelta y empastada, pero su forma de trabajar sigue siendo precisa, lenta y pausada, para captar la esencia de sus modelos.

Algunos retratos deliberadamente inacabados permiten ver su ejecución a base de acumulación, empezando por el centro del cuadro, y nos acercan al proceso creativo de su pintura. 

Gran Interior

Freud pintaba siempre del natural y prefería retratar a su entorno más próximo, amantes, amigos y familiares, para poder actuar con mayor libertad. Su habilidad para evocar en sus pinturas una intimidad no erótica, como el cariño, la amistad o el afecto paterno, ha sido escasamente investigada. Esa intimidad queda reflejada sobre todo en sus retratos dobles, como el de su amigo el pintor Michael Andrews y su mujer June (1965-1966), el de sus hijas Bella y Esther (1987-1988) o el de Dos hombres, de la pareja de artistas Angus Cook y Cerith Wyn Evans.

La exposición se cierra con un capítulo que reúne varios retratos de desnudos monumentales en los que contemplamos una profunda observación de la vulnerabilidad del cuerpo y la plasticidad de la carne como pintura.


La vigorosa representación de la carne en el lienzo es quizá el elemento más destacado y repetido en la larga carrera de Lucian Freud. Comienza a pintar desnudos en los años 1960, pero es sobre todo en las últimas décadas cuando sus retratos de Leigh Bowery y Sue Tilley le convirtieron en pionero de la representación de cuerpos no normativos con gruesos empastes, como sedimentos del paso del tiempo.

miércoles, 1 de febrero de 2023

EDUARDO ÚRCULO (1938-2003): EL ENIGMA DEL VIAJERO

 


Alcalá de Henares tiene el privilegio de acoger una de las exposiciones más esperadas de este 2023 que acaba de comenzar. Se trata de una retrospectiva de Eduardo Úrculo (1938-2003) con motivo del 20 aniversario del fallecimiento de este “pintor que hace esculturas”, como él mismo se definió. Una muestra que abarca desde el expresionismo social de los inicios de su carrera hasta el pop art, del que fue uno de los principales referentes, sin olvidar su colorida etapa erótica.

La exposición está compuesta por más de 50 piezas procedentes mayoritariamente de la colección privada de su único hijo y de coleccionistas particulares. Éstas conforman un recorrido por el trabajo de Úrculo, incluyendo las pinturas más identificativas de su carrera, aquellas que muestran figuras humanas masculinas, a las que no les falta ese mítico sombrero, tan reconocible para el espectador. A los sombreros se unen las maletas, el paraguas, la gabardina… de un viajero solitario que observa el paisaje urbano y al que nosotros siempre vemos de espaldas. En otras ocasiones, esos personajes contemplan (al parecer, absortos y disfrutando de la belleza) figuras femeninas desnudas; esa erótica del cuerpo femenino en distintas posturas está representada también en varias de las obras que se pueden contemplar ahora en esta exposición. En definitiva, un tránsito por diversos estilos en los que Úrculo combina distintas técnicas como la litografía, el dibujo, el óleo, la escultura en bronce y el grabado.



La obra de Úrculo estará expuesta en la sala Antonio López del Antiguo Hospital de Santa María la Rica del 19 de enero al 9 de abril de 2023. El 20 aniversario del fallecimiento de Eduardo Úrculo es solo una excusa para celebrar su obra. Un auténtico viaje que discurre a través de la provocación de lo imaginario, de un universo estético en tránsito, siempre dialogando con la propia vida. El artista es un espectador de la existencia a la que contempla desde el clasicismo academicista de lo sugerido. Su viaje es un enigma, un nuevo modo de percibir las cosas, un secreto misterioso y hedonista que transita desde el expresionismo, pasando por la abstracción hasta el pop, combinando técnicas y narraciones con la misma libertad que un espectador anónimo.



Según la Dra. Alicia Vallina, “El viajero se acompaña de su equipaje: maletas, sobreros, chaquetas, consagradas a través del bronce escultórico y la pureza de líneas de la obra gráfica del artista. Incluso éste llega a retratarse a sí mismo, siempre de espaldas, anónimo en medio de la ciudad o de los tubos coloristas de pintura. Es en esta temática en la que Úrculo se consagra, en la que se vuelve un incombustible buscador de caminos y sendas inexploradas, de experiencias vitales únicas y conmovedoras. Úrculo es, quizá, un viajero desengañado que trata de encontrarse a sí mismo, y así vuelve una y otra vez a través de la melancolía de sus composiciones, marcadas por una soledad buscada. Atrapa las cosas, se empapa de ellas y existe en torno a ellas. Las capta y recrea a través de su lenguaje genuino, integrándolas y convirtiéndolas en su modo propio de concebir el arte.



Rebosante de exotismo y admirador acérrimo de Edward Hooper y de Salvador Dalí, no tiene miedo de la perfección porque sabe que ésta no está al alcance del ser humano. Pinta lo que no puede expresar con el lenguaje de la palabra, impresiones íntimas de lo humano, influencias reales de sí mismo, intromisiones enérgicas de la ciudad en el lienzo. Así, el artista se maravilla con la simpleza de la cotidianidad y viaja generoso y libre con el equipaje de su memoria”.


HORARIOS DEL EVENTO

Martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 h

Domingos de 11:00 a 14:00 h

Lunes cerrado

Entrada Libre

EXPOSICIÓN "JUAN MUÑOZ. TODO LO QUE VEO ME SOBREVIRIRÁ"

 


La Sala Alcalá 31 presenta “Todo lo que veo me sobrevivirá”, una exposición dedicada a la producción de la década de los noventa del artista Juan Muñoz, uno de los artistas europeos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Un doble homenaje que se celebra en la Sala Alcalá 31 y el Museo Centro de Arte Dos de Mayo a través de una doble exposición que recorrerá dos décadas de la intensa trayectoria de Juan Muñoz, precisamente en el año en el que se cumplen 70 años del nacimiento de este artista.

La exposición de la Sala Alcalá 31, que conmemora los 70 años de nacimiento del artista y podrá visitarse desde el 14 de febrero al 11 de junio de 2023,  reúne algunas de sus piezas más icónicas, fechadas entre los años 90 y 2001, año de su prematura muerte. Esta última década de producción de Juan Muñoz estuvo marcada por el dominio del espacio, en una concepción neobarroca, y por la recuperación de la figura humana como elemento central de trabajo. Su vocación existencialista, su cualidad emocional y su reivindicación del truco, de la suspensión de la incredulidad, determinaron la ficción como una característica fundamental del arte contemporáneo, avanzando un cambio que será esencial dentro del arte en el siglo XXI.


Entre todas las obras que podrán verse destaca Plaza, pieza procedente del Kunstsammlung K21 Dusseldorf, que no se ha visto en España desde que el Museo Reina Sofía le dedicó en el Palacio de Velázquez la muestra Monólogos y diálogos en 1996. Asimismo, la muestra contará con préstamos procedentes de varias colecciones, tanto nacionales como internacionales, de museos como el Stedelijk van Abbe Museum de Eindhoven, el S.M.A.K. de Gante o la Fundación Botín.


La trayectoria de Muñoz se truncó en el momento de su máximo apogeo, después de inaugurar su gran instalación en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres. De ahí que la muestra de la Sala Alcalá 31 toma su nombre de una cita de la poeta rusa Anna Ajmátova (1889 – 1966) que Muñoz recogió en una de las últimas notas de sus cuadernos de preparación para la muestra en el museo londinense.

Esta exposición tendrá su continuidad en el Museo Centro de Arte Dos de Mayo entre junio y noviembre de 2023 con una muestra que incluirá diversas instalaciones, esculturas, dibujos y pinturas de su primera década de trayectoria.


Juan Muñoz (Madrid, 1953 – Ibiza, 2001) pasó un año estudiando arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid antes de decidir huir de la España franquista hacia Londres en 1970. Muñoz pasó a estudiar en la Escuela Central de Arte y Diseño de Londres (1976– 1977);  en el Croydon College of Design and Technology, Londres, donde se centró en el grabado (1979–1980); y en el Pratt Graphics Center, Nueva York (1981). Los períodos que Muñoz pasó viviendo en Londres y Nueva York fueron particularmente formativos. Mientras estuvo en Londres, su trabajo se basó principalmente en la interpretación y se interesó progresivamente en un grupo de artistas que estaban trabajando para ir más allá del canon de la escultura tradicional, como Richard Deacon y Bill Woodrow, entre otros.


Desde mediados de los años 80, Juan Muñoz se había embarcado en la recuperación de la figuración en la escultura pero fue paulatinamente la dimensión instalativa y la vocación arquitectónica lo que llevó su trabajo a una escala cada vez más monumental. Al mismo tiempo, sus obras también se volvían psicológicamente más complejas. Si la cuestión de la teatralidad hacía que el espectador accediera a una exposición sabiéndose a destiempo, como si hubiese llegado demasiado pronto o demasiado tarde a la obra que se le representaba, la multiplicación del número de figuras y de los recursos espaciales dio paso a una relación existencial que tiene más que suspende la incredulidad de los públicos, que borra la distancia entre exposición y realidad. Juan Muñoz nos recuerda que estar en una exposición es acceder a estar expuesto. Pero que los visitantes se sientan como los personajes protagonistas de una trama en curso es también una posición de riesgo: supone el reconocimiento de una posición frágil, de sometimiento emocional, al ceder el control al artista narrador.


Al mudarse a Nueva York en 1981, recibió una beca Fulbright. También comenzó su trabajo en escultura y fue fuertemente influenciado por creadores como Philip Guston, Robert Morris, Barnett Newman y Robert Smithson. Muñoz desarrolló una amistad con la curadora española Carmen Giménez, quien le presentó al influyente escultor Richard Serra.

El trabajo de Muñoz ha sido objeto de numerosas presentaciones individuales en los Estados Unidos y Europa. En el año 2000, la Tate Modern de Londres también le encargó que fuera el segundo artista, tras Louise Bourgeois, en hacerse cargo de su Sala de Turbinas. Muñoz pasó meses desarrollando una gran instalación, que se abrió al público en 2001, año de su fallecimiento.

La sala de exposiciones oscila entre la realidad y la ficción o, más bien, no deja de insistir en que –como el reflejo en un espejo– la realidad no es más que una modalidad de la representación. Colgado entre dos siglos, el trabajo de Juan Muñoz se alza como el puesto de avanzada del giro especulativo que caracteriza al arte en el presente inmediato.