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viernes, 13 de marzo de 2026

MALQUERIDA, ¿TRAGEDIA O DRAMA?


Hoy se estrena en la sala principal del Teatro Español Malquerida, adaptación realizada por Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio de la obra del Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente. El montaje según la que fue directora del Teatro Español entre 2019 y 2023 y que dirige la obra, está enfocado como una tragedia que camina por un realismo poético y no como un melodrama. Aunque sin duda tiene todas las características de este último. Retrata la complejidad humana, explorando emociones profundas, dilemas morales y sobre todo relaciones interpersonales, en un ambiente rural que se nutre de costumbres arraigadas en las que las apariencias son más importantes que los sentimientos. 

Aitana Sánchez-Gijón

La obra está protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón que interpreta a Raimunda, una rica hacendada que está casada en segundas nupcias con Esteban (Juan Carlos Vellido). Ella tiene una hija de su primer matrimonio, Acacia (Lucía Juárez) que odia profundamente a Esteban a pesar de que desde niña él ha intentado criarla como a una hija. Se da la circunstancia de que Aitana interpretó el papel de Acacia hace casi cuarenta años, al principio de su carrera. 

Lucía Juárez

Antonio Hernández Fimia

Alex Mola 

La noche del compromiso de Acacia con Faustino (Antonio Hernández Fimia) que ha acudido a casa de Raimunda con su padre, Eusebio (José Luis Alcobendas) para la petición de mano, el novio muere de un disparo cuando regresa a su casa. Y a partir de aquí se desarrolla el drama en una serie de circunstancias que nos muestran que las cosas no siempre son lo que parecen. 

Dani Pérez Prada
 
Goizalde Núñez

José Luis Alcobendas

No recuerdo la interpretación de Aitana en la versión de 1988 dirigida por Miguel Narros, pero de una cosa estoy segura y es que la experiencia acumulada a lo largo de muchos años de carrera se hace notar en su papel de Raimunda. Está realmente esplendida, como esplendida está Goizalde Núñez en el papel de Juliana, la criada fiel, algo deslenguada, muy unida al ama  que pese a su falta de instrucción tiene una gran capacidad psicológica para comprender lo que está ocurriendo y que ayer en el ensayo general cosecho los mayores aplausos. Muy bien también Dani Pérez Prada en el papel de El Rubio, escudero fiel de Esteban, implicado en la tragedia y que solo ansía “tener mando, mucho mando”. 

Juan Carlos Rubio y Natalia Menéndez

La obra estará en escena desde el 13 de marzo hasta el 26 de abril y tiene una duración de poco más de hora y media. 


Fotografías ©Conchita Meléndez

domingo, 19 de mayo de 2024

DREAM, INDAGA EN LA EN LA RELACIÓN MATERNO FILIAL

 

Israel Galván y Natalia Menéndez © C. Meléndez

El Teatro Español, en su sala grande y hasta el 26 de mayo, apuesta por una producción en la que dos mentes innovadoras y atrevidas, Natalia Menéndez e Israel Galván,  se han unido para crear un canto a la relación, o a las múltiples relaciones,  entre madres e hijos. Dream, como anagrama de Madre, nos lleva a través de esa conexión que no es privilegio de la raza humana, sino que por el contrario se da también en otras especies. La maternidad, entendida como un proceso biológico que nos equipara al resto de nuestros compañeros animales puede teñirse de connotaciones afectivas tan próximas al amor como al odio. Esa confusa y radical mezcla de sensaciones puede asemejarse a un sueño DREAM/ MADRE. O, quizás, a una pesadilla.

El escenario se transforma en  un espacio materno y una escenografía sonora en el cual el cuerpo se trasluce en un ser que se mueve, se mece o patalea dentro de una especie de líquido amniótico.

En palabras de Israel y de Natalia, Dream no es teatro, ni danza ni flamenco, pero es todo ello al mismo tiempo. Un espectáculo que habita el escenario; donde se crea algo extrañamente familiar; habitado por muchas madres, y muchos hijos ¿quién es la madre y quien es el hijo? No está claro ni se pretende.

Mientras Israel se mueve por el escenario en una danza no danza, al compás de la música de Antonio Moreno, Juan Jiménez Alba y María Marín, que además tiene una voz maravillosa con la que a veces susurra las canciones más que cantarlas, una persona nos va narrando varias historias en las que personajes mitológicos, Medea, Hécuba, Clitemnestra, Fedra, Andrómaca se equiparan a las hembras de determinados animales. Paquita Cobos Gil, abogada de profesión es la voz que asocia a las hembras de una araña, una leona y una osa panda con las trágicas, defiende y expone sus actitudes; tal vez nos ofrezca otra luz sobre alguna de ellas o ponga voz sobre aquello que se ha silenciado. Medea tiene derecho a una abogada y la osa panda también. Nos preguntamos sobre cuánto tenemos de los animales y cuánto los animales tienen de nosotras. Sus monólogos no son un juicio, se limita a exponer hechos, aunque al final todo quede listo para sentencia. 

Los múltiples sonidos que escucharemos a lo largo de la representación, provocados a su vez por múltiples objetos, así como los elementos que se han utilizado para poner de manifiesto las relaciones entre esos seres que no siempre estamos seguros de si son madres o son hijos, o lo son todo a la vez, o tal vez no lo son, juegan un papel muy importante que activa la imaginación del espectador, como ese hilo rojo que bien podría ser el cordón umbilical que es necesario cortar en algún momento de nuestras vidas. O el chapoteo sobre el agua en lo que se asemeja a un parto en el que se derramara el líquido amniótico. Todo ello nos lleva al inconsciente y a otros planos de la memoria. A otra forma de entender la vida. En este baile que no se sabe si quien lo interpreta es mujer u hombre -no siempre importa- se mezclan los recuerdos de la transformación del hijo en madre y viceversa, y todo ello se transforma en la memoria del cuerpo extrañamente habitado.


Fotografías de Escena: © Vanessa Rabade