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sábado, 7 de junio de 2025

LA TABERNERA DEL PUERTO REGRESA AL TEATRO DE LA ZARZUELA CON LA EMOTIVA MIRADA ESCÉNICA DE MARIO GAS

 


Decía Ángel Ruiz, tenor cómico recientemente premiado en la gala de los Talía,  en la presentación de la que puede considerarse como la indiscutible obra cumbre del género, que la obra del maestro Pablo Sorozabal parecía tener una maldición, ya que cada vez que se estrenaba en el teatro de la Zarzuela, ésta es la cuarta, ocurría algo y que esperaba que en esta ocasión se rompiera el hechizo.  No fue así, el día del estreno el elenco tuvo que actuar sin el apoyo del coro, que ondeaba sus quejas en la puerta del templo de la plaza de Teresa Berganza tras el paro convocado para denunciar las condiciones "vergonzosas" de trabajo. Los sindicatos exigen la destitución de la directora, Isamay Benavente por boicotear la huelga convocada. 



Es una lástima que una obra tan bella en todos los aspectos como es La tabernera del puerto vea lastrada su puesta en escena por motivos ajenos a la representación en sí. Que ‘La tabernera del puerto’ de Pablo Sorozábal es una obra maestra hay pocos que lo cuestionen. Algunos la consideran, sin duda con razón, algo así como la Traviata de la zarzuela, mientras otros la estiman como la última gran zarzuela de la historia. Fue estrenada en el Teatro Tívoli de Barcelona en mayo de 1936 –pese al éxito indiscutible, con no pocos problemas para el compositor debido a los tiempos convulsos que dos meses después derivarían en la Guerra Civil–, y en Madrid en marzo de 1940 –una vez terminada la contienda– en el Teatro de la Zarzuela. Ahora, 85 años después de aquella premier madrileña, el emotivo montaje de Mario Gas, en ocasiones poético y, ante todo, profundamente teatral y documentado, regresa a este mismo escenario.



En esta ocasión están programadas 15 funciones, entre el 4 y el 22 de junio, de este ‘romance marinero en tres actos’ cuyo libreto original lo firman los dramaturgos Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. 



El conjunto de la de la escenográfica obra de Ezio Frigerio con Riccardo Massironi y la del vestuario de Franca Squarciapino, llega a ser por momentos ensoñadora, a lo que contribuye la videoescena de Álvaro Luna, especialmente significativa en la escena de la tormenta en el mar. La dirección musical es de José Miguel Pérez-Sierra y Julio César Picos que estarán al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid y del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela.



La obra contará con un doble reparto formado por Leonor Bonilla  y Serena Sáenz como Marola, la joven tabernera; Ángel Ódena y César San Martín como Juan de Eguía, el dueño de la taberna; Marcelo Puente y Celso Albelo en el papel del joven marinero Leandro; Rubén Amoretti y Simón Orfila interpretan al lobo de mar inglés Simpson; Rut González es Abel un joven músico enamorado de Marola, Vicky Peña es Antigua, la sardinera; Pep Molina es Chinchorro, patrón de un barco; Ángel Ruiz interpreta a Ripalda, el dueño del café de enfrente de la taberna; Xavier Ribera-Vall, Rafael Delgado y Didier Otaola, interpretan a los marineros Verdier, Fulgen y Senén y Ángel Burgos es Valeriano, el sargento de carabineros. 



“Este Romance marinero no es una obra realista ni lo pretende; se trata de un relato teatral teñido de un vapor de leyenda, o elemento poético, en el que se explica una historia de contrabando y de amor en un pueblo marinero”. Mario Gas quiere ser fiel a la obra y que los intérpretes ayuden a “contar la historia con todo el sentimiento y toda la verdad que permite el teatro”.


La acción transcurre en una localidad imaginaria del norte de España. La idea original del libreto, según los libretistas, vino de un poema publicado el 3 de febrero de 1935 en el ABC por el propio Federico Romero. En el puerto se encuentra la taberna de Marola. Nadie sabe el origen de Marola, solamente se conoce que la taberna fue costeada por el bandido Juan de Eguía, al que todos creen su marido.


El marinero Simpson habla de Leandro (un pescador enamorado de Marola). Marola y Leandro se enamoran. Abel, un adolescente intérprete del acordeón, también se enamora de Marola pero no es correspondido.

Un grupo de mujeres del pueblo reprochan a Marola que vuelve locos a todos los hombres, pero ella se defiende recriminándoles que no prestan atención a sus esposos. Juan de Eguía golpea a Marola ante la impotencia de Abel.

Al día siguiente Abel cuenta lo sucedido, lo que hace que todos los presentes busquen a Juan para pedirle explicaciones. Leandro conversa con Marola, quien confiesa que Juan de Eguía es su padre, ante lo cual Leandro convence a su amada para que huya con él.



Juan de Eguía aparece de nuevo y le promete a Leandro la mano de Marola a cambio de que introduzca un fardo de cocaína en la ciudad. Leandro acepta y acompañado de su amada se dirigen en una pequeña embarcación hacia una cueva que solo tiene acceso por mar, para cargar el fardo de cocaína, pero son sorprendidos por una tormenta y desaparecen.


Abel canta a la desaparecida Marola, mientras Juan entristecido les cuenta a todos los presentes que ella es en realidad su hija. Poco después el marinero Simpson trae la buena noticia de que Leandro y Marola están vivos y se dirigen al puerto detenidos por los carabineros. Juan confiesa ser el verdadero culpable de todo lo sucedido y es detenido, mientras que Leandro y Marola quedan en libertad.


El resultado de la labor de todo el equipo consigue un excepcional montaje que sin duda posee  una gran belleza estética y musical. Esperemos que en las representaciones que restan todo funcione con normalidad y la calidad de la obra no se vea afectada. 

Fotografías © Conchita Meléndez




sábado, 4 de mayo de 2024

EL BOTICARIO Y LAS CHULAPAS Y CELOS MAL REPRIMIDOS

Se me hace difícil decir que lo que vimos ayer en el Teatro de la Zarzuela pertenece al Género Chico. El montaje de esa maravillosa zarzuela que es La verbena de la Paloma, subtitulada El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos, dirigido por Nuria Castejón  y el maestro José Miguel Pérez-Sierra al frente de la orquesta, es sencillamente espectacular. 





La verbena de la Paloma’, compuesta por Tomás Bretón y con libreto de Ricardo de la Vega, subió por primera vez al escenario del Teatro de la Zarzuela apenas cuatro años después de su estreno absoluto en el desaparecido Teatro de Apolo el 17 de febrero de 1894. Desde entonces hasta hoy, ha formado parte de la  tradición lírica del templo de la zarzuela, y sin duda del repertorio más conocido y querido por el público. Es por eso, entre otras muchas cuestiones, que toda nueva producción de este título suscita una extraordinaria expectación como la que ha levantado el estreno del montaje que en estos próximos días presentará el Teatro de la Zarzuela con 14 funciones programadas que  irán del 8 al 25 de mayo y cuyas entradas están prácticamente agotadas.



La verbena consta de un solo acto, que era lo común en el teatro por horas, dividido en tres cuadros, siendo una zarzuela prototipo del género chico, de corta duración. En la obra aparecen personajes tan entrañables y recordados como don Hilarión (Antonio Comas), su amigo don Sebastián (Gerardo López), la tía Antonia (Gurutze Beitia), Julían (Borja Quiza), la seña Rita (Milagros Martín), la Susana (Carmen Romeu), la Casta (Ana San Martín),  las chulapas, el sereno, los guardias, el boticario y el tabernero. Todos ellos personajes muy característicos del viejo Madrid del siglo XIX y están interpretados por Rafa Castejón, José Luis Martínez, Nuria Pérez, Alberto Frías, Adrián Quiñones, Ricardo Reguera, Mitxel Santamarina, Ana Goya, Andro Crespo, Albert Díaz y Ramón Grau en el papel de pianista. También cuenta el reparto con la cantadora Sara Salado. Y junto a todos ellos, como es de ley, el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela dirigido por Antonio Fauró.



Una de las novedades más destacadas de esta producción, tal y como explica Nuria Castejón,  es el prólogo cómico-lírico "Adiós, Apolo", escrito por Álvaro Tato, que sirve como un emotivo tributo a los artistas que hicieron del Teatro de Apolo un símbolo del género chico. Este preludio nos sumerge en la nostalgia de aquellos tiempos pasados, recordando la importancia del legado cultural que perdura en cada representación.



La escenografía, diseñada por Nicolás Boni, y la iluminación de Albert Faura, crean un espectáculo visualmente deslumbrante, tal vez algo alejado de lo que fueran los castizos barrios de Madrid pero que complementa a la perfección la música y la actuación en escena. Cada callejón de Madrid, cada taberna y plaza, cobran vida propia, transportando al espectador a un mundo lleno de magia y tradición. El vestuario es de Gabriela Salaverri. 



La trama de "La Verbena de la Paloma" nos transporta a la calurosa noche de la festividad de la Virgen de la Paloma, donde los celos y los enredos amorosos se entrelazan entre los personajes, creando un ambiente cargado de emociones. En esta nueva puesta en escena, cada detalle ha sido cuidadosamente trabajado para transportar al espectador a la atmósfera vibrante y colorida del Madrid del siglo XIX.




Aunque la obra es de sobra conocida por el público amante de la zarzuela, diremos que en el primer cuadro se dibujan los pormenores de lo que se vendrá a desarrollar después.  En una calle madrileña, durante la tórrida noche de la verbena de la Paloma, el boticario don Hilarión conversa con su amigo don Sebastián; en la taberna contigua, mientras el tabernero juega a las cartas con unos mozos, su esposa Rita intenta calmar a Julián, joven cajista, que ha visto a su novia Susana con un desconocido en un carruaje. El paso de un grupo de chulos y chulas, cantando entre ironías y requiebros, reanima los celos de Julián, que se marcha seguido por la señá Rita. Por su parte don Hilarión se dispone a salir de verbena con dos jóvenes hermanas: Casta y Susana, que no es otra que la novia de Julián.




Ricardo de la Vega escribió el libreto de La verbena de la Paloma a partir de un hecho real que escuchó de labios del propio protagonista, un cajista de una revista llamada La Gran Vía con la que el autor solía colaborar; el asunto le pareció interesante y no tuvo más que rodearlo de un ambiente que le fuera propicio y unos personajes que no desentonaran.




Tomás Bretón no fue en un principio el elegido para poner música al libreto de Ricardo de la Vega. Este trabajo se le ofreció a Ruperto Chapí, pero tras un altercado con los empresarios del Teatro Apolo El Imparcial, periódico e la época,  publicó que Chapí no crearía la partitura para La verbena de la Paloma y que su lugar había sido ocupado por el compositor salmantino Tomás Bretón.

Fotografías: © C. Meléndez