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lunes, 7 de abril de 2025

MÚSICA PARA HITLER, CUANDO PAU CASALS LE DIJO ‘NO’ AL FÜHRER


No sé si a vosotros os pasa pero a mí la simple portada de un libro me puede hacer desearlo o rechazarlo de pleno. Lo mismo me ocurre con las obras de teatro, que el cartel me haga desear colarme en el patio de butacas a disfrutar de lo que seguro, tal y como me anticipa dicho cartel, me va a hacer gozar durante un par de horas. 


Y es que es difícil sustraerse al encanto de una obra que está escrita  y dirigida por Juan Carlos Rubio, uno de los más importantes dramaturgos de la actualidad española, que la desarrolló hace unos tres años en colaboración con Yolanda García Serrano y que ahora al fin ha llegado a los Teatros del Canal donde se representará entre los días 2 y 20 de abril. 



Si además el elenco está formado por Carlos Hipólito, sin duda sino el mejor, uno de los mejores actores con los que contamos y le acompañan profesionales de la categoría de Kiti Mánver, Cristóbal Suárez y Marta Velilla, el éxito está asegurado. 


La historia nos cuenta, con las correspondientes licencias de escritor, un momento histórico y concreto de la vida de Pau Casals, la visita de unos soldados nazis a Villa Colette, residencia de Casals durante su estancia en Prades (Francia), con la petición de que el maestro actuara ante el Führer. El violonchelista, un hombre que mantuvo siempre una incansable dedicación a la defensa de la paz, la democracia y la libertad, se negó. Ya con anterioridad había rechazado tocar en Rusia, tras los sucesos de la Revolución rusa y la implantación del sistema comunista, así como en todos los países llamados comunistas donde no hubiese democracia. Sus ideales y su firme convención de los valores democráticos no le permitían actuar ante quienes de un modo u otro rompieran un sistema en el cual la soberanía reside en el pueblo . 



La situación planteada en la obra es real. El conflicto interior del personaje de Johann, interpretado por Cristóbal Suárez con gran acierto,  un violoncelista en la vida civil convertido en soldado por el reclutamiento bélico que se debate entre la admiración más absoluta hacia su ídolo, el maestro Casals, y su deber militar como soldado bien podría ser ficticio, pero aquí reside la grandeza del teatro.   La premisa cierta es que hubo un intento real del Führer de sumar a Casals a su operación de propaganda internacional. A partir de aquí, la imaginación es libre y los autores de la obra son quienes deben encargarse de dotarla de la suficiente entidad como para hacerla creíble.



A ello ha contribuido todo el elenco de Música para Hitler, especialmente Carlos Hipólito con un fantástico desarrollo del personaje de Pau Casals, y Cristóbal Suárez, quienes han tenido que recibir clases, no ya para tocar el violonchelo, algo que en tan corto espacio de tiempo hubiera sido imposible, pero si de postura corporal y de las manos para que en los momentos en los que ambos tocan el instrumento de la sensación de que realmente saben lo que hacen. El asesor musical encargado de la labor de enseñar a ambos actores ha sido Enrico Barbaro. 



La escenografía, sencilla pero efectiva es de  Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer, la iluminación de José Manuel Guerra, el vestuario de Pier Paolo Álvaro y el  maquillaje y peluquería de Chema Noci.


La obra se representa en la Sala Roja Concha Velasco de los Teatros del Canal y tiene una duración de 1 h y 20 min (sin intermedio). 

Fotografías © Conchita Meléndez




miércoles, 3 de octubre de 2018

¡Beatos, Mecachis y Percebes! La historia del Cómic en la Biblioteca Nacional


El 4 de octubre se abre al público en la Biblioteca Nacional de España la exposición ¡Beatos, Mecachis y Percebes! Miles de años de tebeos en la Biblioteca Nacional (podrá verse  hasta el 13 de enero de 2019). La muestra dibuja en tres pasos un baile de varios cientos de años. Empezando con los Beatos, antepasados lejanos que iluminaron manuscritos o contaban historias en tiras de vendaje de momia. Seguirán los Mecachis, ya más cercanos, olvidados bisabuelos que vivieron la entrada del siglo XX desde sus ilustraciones para prensa periódica. Y cierra con la popular familia de la Rue del Percebe.

La BNE vuelve su mirada una vez más hacia el campo del cómic, ese tipo de publicación gráfica que en España reivindicamos llamándola tebeo. En esta ocasión con una pequeña-gran panorámica, que es en realidad un juego de relectura, una mirada ligera y sin prejuicios que, con cierta irreverencia, convierte en tebeos miles de años de historia.
 


Manuscritos medievales, incunables xilográficos, libros calcográficos, prensa decimonónica… han sido seleccionados con esta particular mirada a partir del amplio Patrimonio Bibliográfico Español conservado en la BNE –disponible de manera creciente  en la Biblioteca Digital Hispánica– además del aporte de instituciones vecinas como el Museo ABC y el Museo Arqueológico Nacional.

Remontarse hasta los orígenes de la humanidad para buscar tebeos no es una idea nueva, de hecho aquí se reivindica lo que fuera una intención frustrada en la que se conoce como la primera exposición institucional en torno al cómic Bande dessinée et figuration narrative, que tuvo lugar en 1967 en el ala del palacio del Louvre que ocupa el Museo de Artes Decorativas. 



Esta selección tiene también un fuerte componente arquitectónico, condicionado por la mirada de su responsable y guiada por la convicción de que las construcciones que se dibujan para contar historias son las mismas que se “dibujan” para vivir. Se convierte así la sala en una heterotopía, entendida como lugar de lugares, un espacio real donde se yuxtaponen espacios y relatos, que van desde una tumba egipcia a un peculiar edificio marcado con el número 13.

Beatos, mecachis y percebes, una familia inventada que se remonta a los orígenes de la humanidad, tres nombres sonoros en la tradición más pura del tebeo, tres personajes para un recorrido gráfico que muestra una manera de contar que siempre nos ha acompañado... y de paso enseñan que la BNE siempre ha sido una casa del tebeo.


El primer paso del recorrido se construye en torno a un halo de misterio que abarca miles de años. Los Beatos, decenas de códices manuscritos copias del Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana, aquí pasan a denominar todo un pasado lejano, apenas recuperado de la pérdida en el tiempo.
                                                  
Estos beatos, antepasados sin rostro, no solo viven más cerca del mito y la religión, sino que son los últimos que conocieron un mundo sin fotografía, y esto es importante, ya que después de la presentación del invento de Daguerre en 1839, la visión nunca sería la misma.



Se narra a través de imágenes y estructuras gráficas que beben directamente del entorno construido y con ellos se asiste al nacimiento del libro, la progresiva democratización de palabra e imagen y la pugna entre ellas para contar historias.




Los mecachis, en honor al brillante dibujante Eduardo Sáenz Hermúa, que vivió tras ese apodo, son aquellos antepasados que no se conocen hoy en persona, pero que ya vivieron el principio de nuestro mundo: la urbe industrial, la democratización de la imagen, la llegada de los medios de masas, el inicio del cómic en su concepción contemporánea, la aparición de la fotografía... el nacimiento de la imagen técnica.

Es tiempo de pioneros que ensayan nuevos modos desde los principales países industrializados, con Francia e Inglaterra al frente y sus capitales como ejemplo. Con la ubicuidad de la económica imagen litográfica nace una nueva prensa, y con ella la conciencia del poder del mensaje multiplicado.



Las páginas gráficas, y sus autores, crecen en alcance y reconocimiento. Reflejan al instante la escala y condiciones de la nueva ciudad, a la vez que exploran formatos inéditos, como libros enteramente dibujados.

Y, finalmente, los percebes, un homenaje directo a Francisco Ibáñez y el edificio que se convirtió en retrato de varias generaciones: 13, Rue del Percebe. Ellos sirven para hablar de la familia más cercana, en un concepto de generación amplio que incluye a abuelos, padres y nietos, a aquellas personas con las que se puede convivir aunque sea brevemente. Abarca así el siglo XX hasta la actualidad y se convierten en una amplia acepción de lo contemporáneo. 


Aquí es donde existe el núcleo de un universo del cómic, crecientemente inabarcable en todas sus variables, desde el manga a la llamada novela gráfica, desde el álbum franco belga a una grapa de quiosco.




Son varios pasos, el  primero para reivindicar una vanguardia, el Isotipo, eslabón perdido en la relación entre imagen, palabra y la compresión narrada del mundo. Para finalizar con el mundo del tebeo clásico y las distintas apuestas de la contemporaneidad de estas casas de tebeo.