Durante los años 80 y 90 hubo una gran eclosión en España de tribus urbanas impulsadas por la llegada de la democracia, las nuevas libertades y la influencia cultural exterior. Estos grupos fueron algo que documentó como nadie el fotógrafo Miguel Trillo. Uno de los principales movimientos de la época fueron los ‘punk’ o ‘punkis’, caracterizados por sus crestas de colores, imperdibles, cazadoras de cuero con tachuelas y una actitud de rebeldía antisistema. Escuchaban punk rock y rock radical vasco.
Pablo Remón ha escrito una obra recreando el movimiento punk, pero visto desde la perspectiva de varios años después por los propios protagonistas que lo vivieron.
Estructurada como una vieja cinta de cassette, con su cara A y su cara B, la obra cuenta el auge y caída de un grupo punk a través de distintos monólogos y voces cruzadas, recorremos la vida de dos hermanos: hijos de un funcionario franquista, ambos viven su infancia en los estertores de la dictadura, en un poblado construido en pleno Valle de los Caídos, para los empleados de Patrimonio.
En la cara A, el hermano mayor, Kike, el mánager del grupo, cuenta la infancia de su hermano Segis, el cantante: cómo un chaval rebelde y asalvajado se rebela contra su padre y toda la estructura de poder que le rodea. El punk, la anarquía y el nihilismo como tabla de salvación de una realidad gris.
En la cara B, los miembros del grupo cuentan el auge y caída de Verborrea, y del cantante, ahora convertido en Segismundo Tóxico: una figura mítica, amado y odiado a partes iguales, sobre el que todos proyectan sus deseos, sueños y frustraciones. Todo son recuerdos, versiones ––a veces complementarias, a veces contradictorias––, un relato oral que se asemeja a un documental musical, durante el cual conocemos las vidas de este grupo de descastados y proscritos, en los márgenes de la sociedad.
La obra se estrena el próximo 1 de octubre en Nave 10 Matadero (Sala Max Aub) donde permanecerá hasta el 1 de noviembre. Os diría que corrierais a sacar entradas para este interesante docudrama, pero la verdad es que están todas vendidas.
Fotografías © Conchita Meléndez




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